Pelayo

Texto: Pilar Pérez

Ilustración: Ester García

 

 

Cuando Pelayo encontraba un libro, alargaba el cuello para estar cerca de sus páginas y así concentrarse por entero en la lectura. Podía pasar así horas y horas, días enteros… era feliz.

Pero eso no había sido así siempre.

Cuentan los mayores de Dragonia, que antiguamente a Pelayo no le gustaba leer y que se reía de los que lo hacían.

Cuentan también que un día se quedó solo, sin familia, y dicen que su llanto se oía hasta en lo más alto del cielo. Sus escamas dejaron de brillar, sus ojos perdieron la alegría y sintió que la vida ya no tenía sentido.

Paseaba solo por los caminos siempre mirando al suelo, así fue cómo su cuello se hizo largo, largo para esconderse, para no ver lo que le rodeaba. Hasta que un día, en uno de aquellos paseos se encontró con un objeto en el suelo, lo olfateó, lo movió, y entonces al abrirse sus páginas se dio cuenta de que era un libro.

Primero sintió desgana, luego desprecio, pero más tarde sin saber por qué, curiosidad. Alargando su cuello hacia un lado y a otro comprobó que nadie le veía y entonces comenzó a leer: “Érase una vez un dragón que se llamaba Pelayo…”

No pudo parar, ya que lo que allí estaba escrito era su propia historia. Sintió entonces la misma felicidad que había vivido, el mismo amor y supo, también, todo lo que le quedaba por hacer y por vivir.

Y terminó de leer: “Esta es la historia de Pelayo, un dragón que ayudó e hizo feliz a muchos amigos.”

Entonces despertó, estiró más que nunca su cuello y se preparó para vivir, eso sí, siempre rodeado de libros.

 

Este es el blog de Ester:

http://3ster.blogspot.com.es/

 

.Este es el facebook de Pilar:

https://www.facebook.com/pilar.perez3

 

 

¿Quieres escucharlo en la voz de Pilar?