Leopoldo

Texto: Mar del Rey

Ilustración: Emilio Urberuaga

 

 

Vive con los topos desde que su huevo llegó rodando durante el Gran Temblor. Ellos decidieron acogerlo y tratarle como uno más, sin importar sus diferencias, hasta olvidarlas.  Leopoldo es un dragón pero él todavía no lo sabe.

 

Me llamo Leopoldo y quiero contarte mi historia, aunque todavía no sé cómo termina. Mi historia comienza con una incógnita: ¿quién soy? Quizá con tu ayuda, seamos capaces de descubrirlo.

 

Hasta hace poco tiempo, yo era feliz dentro de la colonia de topos, entonces encontré un libro maravilloso y empecé a crecer y ocurrió un fuego en la biblioteca y Masopo, el topo más sabio, dijo que yo no era un topo y todo se torció.

 

Según Masopo llegué siendo un huevo el día del gran temblor. Los topos habían abandonado la colonia y cuando volvieron, me encontraron en uno de los túneles bloqueando el paso. Al principio, no sabían qué hacer conmigo pero después decidieron que si había llegado hasta aquí por algo sería y se propusieron incubarme. Mi huevo era tan grande que para conseguirlo hicieron falta varios topos. Desde que nací me cuidaron como a una cría más, hasta olvidar mis diferencias.

 

Claro que yo notaba algunas cosas: soy más grande, en lugar de su pelaje tengo escamas y mi cola es mucho más larga que la suya. Además nunca me moví bien por los túneles, pensaba que era por ser menos ágil o por mis dolores de espalda o por la acidez...No te creas que soy un quejica, pero no sería sincero contigo sin hablarte de mis enfermedades.

 

Te confieso que la noticia de Masopo fue un alivio para mí. Han pasado muchas cosas, sobre todo desde el incendio en la biblioteca. Yo estaba presente cuando ocurrió porque vivo aquí, es la sala más grande y con mi tamaño, el único lugar donde estoy cómodo. Así que respiré mucho humo, quizá que por eso me entrara tanta hambre. Desde entonces no paro de crecer y ya ni siquiera quepo bien aquí. Cada mañana amanezco con la espalda tocando el techo y los topos tienen que cavar aún más para hacerme sitio.

 

¡Ah! ¡Menos mal que no se quemó mi libro de dragones! Todavía no te hablé de él ¿verdad? Se llama “Existen los dragones “ y lo encontré escondido en uno de los estantes. Tenía algunas de esas palabras que empezaron a bailar por mi cabeza y que no entiendo bien: cielo, luz, nube, sol, volar. No recuerdo si las palabras llegaron antes del libro o a la vez. Son extrañas y nuevas, los topos no las conocen. Me vienen a cada rato: cabriola, llamarada o estrella y me da mucho gusto pensar en ellas. Pero luego me entran ganas de “salir a la luz del sol” que no sé lo que es, finalmente se quedan rondando en mi cabeza y se vuelven muy molestas.

 

La noche del fuego tuve un sueño. Soñé con un grupo de dragones que daban volteretas por el aire. Yo había leído en mi libro que los dragones vuelan, “volar” significa surcar el cielo. ¿Sabías que un dragón puede tener mil veces el tamaño de un topo? A pesar de eso es capaz de flotar en el cielo. ¡Quién fuera dragón! En mi sueño, los dragones volaron rapidísimo hasta desaparecer. Todos no, porque cerca de mí quedaba uno pequeño de reflejos rojizos que se acercó y me miró con unos ojos azules y redondos llenos de luz que mareaban un poco. Sólo estábamos él y yo, rodeados de silencio. El dragón dio una vuelta alrededor de mí y echó fuego por la boca, luego empezó a perder color hasta volverse invisible. Me quedé solo flotando pero no tuve miedo, entonces sentí que yo era él y me desperté.

 

Me habría encantado contarles el sueño a mis amigos topos, pero con el incendio andaban corriendo de un lado a otro. ¡Menos mal que no se quemó mi libro de los dragones! Lo que sí se quemó fue mi bote de pastillas para la acidez. No sé si tuvo que ver el susto, pero después del fuego, no me  ha vuelto a molestar el estómago. Sólo me quedó un olor a humo dentro de la nariz que todavía me dura, pero me gusta porque me recuerda a mi sueño.

 

Puede que mi estómago esté mejor porque, como ahora necesito comer mucho, me traen otra comida especial para mí. Son raíces y tubérculos, que me gustan mucho más que las lombrices (¡puaj) y los insectos (super puaj). Están mil veces más ricos, pero no me quita el hambre. A veces pienso ¿qué comeran los dragones? Mi libro no dice nada de eso. Si yo fuera dragón te digo que no me comería lombrices ni loco...¡No sabes lo que le gustan por aquí! En eso sí noto que no soy un topo. ¿Qué seré?

 

Sé que estoy muy pesado, pero no puedo quitarme esa pregunta de la cabeza. Aquí quieto me aburro. Esta noche he vuelto a crecer y estoy más encajado que nunca en un rincón. Me costó dormirme, las palabras me han atosigado más que nunca: azul, luna, agua, vuelo, estrella,... Venían una y otra vez, creo que llegué a marearme en sueños. Sentía como si una fuerza tirara de mi cuerpo hacia arriba y mis patas se separaran del suelo. Y¡fíjate!, ahora ni siquiera puedo moverme porque mi espalda ha atravesado el techo del túnel.

 

Me siento triste, los topos sólo vienen para cavar y traerme comida, ¡llegan tan cansados! Que no son capaces de hablar. Antes era distinto, nos reuníamos por las tardes y yo les contaba cuentos. Seleccionaba los que más me gustaban y se los contaba cuentos haciendo voces y efectos. Si vinieran ahora les contaría todo lo que he aprendido sobre los dragones, ¿te imaginas si existieran? Me gustaría preguntarles si alguno los ha visto en el mundo exterior, aunque con lo mal que ven podrían haber pasado justo al lado y no darse cuenta.

 

Voy a marcharme, no se lo digas a nadie, ¿vale?, será nuestro secreto. Esta noche, mientras duerman, abandonaré la colonia. Quiero buscar mi lugar, iré hacia las profundidades de la tierra, sé que existen otros túneles, quizá allí esté mi origen. Llegamos a esa conclusión cuando intentábamos averiguar qué criatura podía ser. Para ser exactos, yo sólo escuchaba muerto de vergüenza mientras la colonia al completo pensaba en voz alta.

 

Las crías opinaban que podría ser una lombriz pero Masopo les dijo que son mucho más pequeñas que yo, ¡qué asco me daría ser una lombriz! Otros mayores dijeron que podía ser una serpiente, pero llegaron a la conclusión que de ser así, les daría tantísimo miedo que se habrían dado cuenta...

Un topo que había vivido en otras tierras y le gustaba alardear de ello, habló de una criatura que nacía de huevos llamada tortuga. Masopo lo descartó, las tortugas tenían caparazón y yo no. Entonces propuso que averiguaran si yo debía vivir sobre la tierra o bajo ella. Volvieron a mirarme en silencio y sentí el calor recorrer todas mis escamas desde la cabeza hasta las patas traseras.

 

A los topos les cuesta mucho hablar del exterior, es cierto que salen de vez en cuando, pero tienen tan mala vista y se desenvuelven tan mal allí arriba, que para ellos ese mundo sólo es oscuridad y peligro. Rápidamente descartaron que viniera de allí y dijeron que yo pertenecía a la tierra.

 

En ese momento decidí ponerme en camino, lo haré sin despedirme, para ellos no va a ser fácil y para mí tampoco, pero ya no puedo vivir más aquí.

 

 

***

 

No sé cuántos días hace que me fui de la colonia. Tengo tanta hambre y tanto sueño que me quedé dormido en medio de un túnel y pensé que ya no me iba a despertar. Entonces un sonido sinuoso llegó hasta mí y me desperté sobresaltado. Nunca antes había visto una serpiente, pero los mayores me la habían descrito bien: sabía que ella podía morderme, inmovilizarme y engullirme sin piedad.

 

No me atrevo a mover ni una escama. Ella se acerca más todavía, tanto que puedo ver sus colmillos mientras abre y cierra la boca provocando un sonido asqueroso. ¡Se está riendo!

_¿Qué hace un sssser como tú en essstos túnelessss? -me dice.

Soy incapaz de contestar, mis dientes castañean.

_¡Resssponde! No te haré daño.

Consigo articular unas palabras.

_Estos son los túneles de los topos -le digo dismulando mis nervios.

_¡Qué dicesss criatura!, ¿acassso no conocess tu naturaleza?

Mantengo el tipo como puedo, no quiero que justamente ella me descubra.

_Tú no pertenecessss a la tierra, essstá claro. ¡Eresssss una criatura del exterior!

_Mis hermanos los topos dijeron que si salía a la superficie moriría.

_¡Tus hermanos! -dijo riendo-¡Lossss topossss no ven másss allá de sussss naricesssss! ¿Hassss visssto tus alasss?

_¿Alas? -era la primera vez que escuchaba esa palabra (aparte de en el libro de dragones)

_Essso que tienessss en la essspalda. Aquí abajo no podrás usarlasss, tienesss que ssssalir al exterior.

_¿Cómo sé que no me estás tendiendo una trampa? -pregunté con desconfianza.

_Obsssérvate y obsssérvame, en un tiempo lejano, a misss antepasssadosss les llamaban dragonesss.

Y para mi sorpresa, continuó su camino, antes de desaparecer en la oscuridad volvió la cabeza sonriente.

_¡Ssssuerte arriba primo!

 

Ahora sí estoy totalmente perdido, ¿ y si la serpiente tiene razón? Al recordarla y verme de nuevo solo en la oscuridad decido salir de ahí cuanto antes, avanzo y tropiezo con un montón de tierra, puedo oír cómo cae a gran profundidad, me acerco hasta el lugar del que proviene el sonido y encuentro un agujero. Ahí el túnel se ensancha para dar paso a una cueva. Es inmensa, tan grande que puedo incorporarme totalmente. Me estiro, sorprendido por mi tamaño. Debo ser varias veces un topo, quizá tan grande como un dragón, no, seguro que los dragones son más grandes. ¡Quién fuera dragón!

 

La cueva tiene dos túneles, uno de ellos enfila hacia abajo y otro va en la dirección opuesta y parece que gana cada vez más altura, ¿qué hacer? Siento el frío húmedo de la tierra meterse por mi piel y tomo una decisión.

 

Camino por la cueva hacia arriba y más arriba y más. Ésta conforme avanza, se  estrecha hasta convertirse en un túnel de roca. A mis oídos llega un sonido musical desconocido, siento miedo y pienso en volver hacia atrás pero la curiosidad es más fuerte. Continúo caminando hasta el final de la cueva. Ésta termina en una gran estancia abovedada, en la parte superior hay un agujero por el que cae agua ¡el ruido lo hace el agua! Jamás he visto tanta cantidad junta. Además por la abertura entra un rayo de luz brillante. ¡He llegado a la puerta al exterior! La alegría por el descubrimiento me dura poco tiempo porque me doy cuenta de que el hueco está muy alto. Intento alcanzarlo caminando por las paredes de roca pero son prácticamente perpendiculares y el agua las vuelve resbaladizas.

 

Con el cuerpo dolorido por el esfuerzo, me tumbo en el suelo y lloro. Unas gotas de la cascada salpican mis alas. Las muevo sin querer, es la primera vez que soy consciente de que puedo moverlas. Me pongo de pie, las despliego y observo su envergadura ¡son inmensas! ¿Se parecerán a las alas de un dragón?

 

Comienzo a batirlas, al principio suave, luego aumento el ritmo. El sonido de mis alas retumba en las paredes de la gruta. Estoy tan alegre que se me escapa un chorro de fuego por la boca, del susto casi me caigo. No sé muy bien qué acaba de pasar pero prefiero continuar con mi aleteo y pensarlo después, al poco miro hacia abajo y veo cómo el suelo queda bastante lejos de mis patas. ¡Lo estoy consiguiendo! Continúo hasta que siento el agua tocando mi piel, mientras atravieso el agujero me viene una de esas palabras a la mente: “¡catarata!” y sé que estoy en una catarata.

 

Ahora el ruido es ensordecedor, y el agua empapa todo mi cuerpo. No puedo parar de reírme, cierro los ojos para disfrutar de ese momento, continúo el vuelo hacia arriba, siempre hacia arriba. Al abrirlos, me deslumbra una luz azul y la palabra “cielo” me viene a los labios y reconozco el cielo: el lugar donde vuelan los dragones. Luego me llegan unos rayos largos y blancos, “sol” digo sin dudar y con una carcajada disfrutando por primera vez del calor sobre mi cuerpo. Continúo el vuelo más arriba y arriba hasta tocar los rayos de sol y más allá, hasta que todo lo que me rodea es cielo. Allí me dejo estar y floto con las alas extendidas.

 

La cascada es un pequeño punto a lo lejos, aún así veo donde está. En realidad lo veo perfectamente. Voy a colocarme las gafas sobre la nariz y me doy cuenta de que las he perdido, pero no las echo de menos, una palabra nueva me salta a los labios: “horizonte” hasta allí alcanzan mis ojos. A pesar de la distancia que me separa del suelo, puedo sentir un olor maravilloso. Viene de un conjunto de árboles agrupados junto al río, decido acercarme. Mientras desciendo su tamaño va aumentando. “Manzanos” esta palabra brota de mi estómago, con la emoción había olvidado el hambre que tengo. Arranco con la boca una de esas frutas rojas y la muerdo, es la cosa más sabrosa que he probado en mi vida ¡está tan dulce, nada parecido a una lombriz! El sabor de la lombriz me viene al recuerdo como algo correoso y frío, sacudo la cabeza para olvidarlo y encuentro nuevos frutos que engullo hasta dejar los árboles vacíos.

 

Inicio el vuelo fortalecido, ahora recuerdo la llamarada de fuego y pruebo a lanzar otra, por mi boca salen unas llamas con tanta fuerza que me da la risa. Planeo observando el paisaje y las palabras que me han atosigado durante tanto tiempo comienzan a brotar mientras descubro el exterior: “viento”, “montaña”, “nube”, “mar”, “islas”.

 

Al atardecer vuelo sobre el mar y veo cómo el sol proyecta mi sombra sobre el agua azul y plata. Al verla se desprende una palabra, una de las que más veces me había venido a la mente, esa palabra es: “Dragón”.

 

 

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