Leoncio

Texto: Alfredo Gómez Cerdá

Ilustración: Juan Ramón Alonso

 

 

Abrió un ojo. Al cabo de trece minutos lo cerró y abrió el otro. Solo a los treinta y seis minutos y medio consiguió abrir los dos ojos a la vez. Cuando llevaba una hora exacta despierto, sacó la lengua y, con parsimonia, se limpió las legañas. Algunos dragones son así, van a su aire y, además, no tienen prisa, porque el tiempo transcurre de otra manera para ellos.

 

Volando, volando, le llegó un beso de la tía Pilar. ¡Muack! Le manchó sus mejillas de carmín. Sonrió. Era un beso con sabor a tarta de oraciones subordinadas, presentes de indicativo, adverbios de tiempo y artículos determinados. ¡Hummm! Se relamió pensando en una montaña de palabras, de letras, de signos de puntuación… Como no había desayunado aún, le rugieron las tripas y comenzó a babear.

 

Sopló las diez velas con tanta fuerza que las estampó contra el techo, donde se quedaron incrustadas. La tía Pilar dirigía el coro de niños que le cantaba cumpleaños feliz, y otras canciones. La música se escapaba por las rendijas de la puerta, y las notas bailaban por la calle Sagunto, jugaban al escondite en la plaza de Olavide, echaban carreras por las escaleras del metro... Aunque era muy pequeño –diez años no es nada para un dragón–, se sintió muy feliz, porque ya había comprendido que no había un sitio mejor para vivir en el mundo que una librería, ni una actividad más gratificante que devorar un libro tras otro. Tenía la confianza de que su ejemplo acabaría contagiando a los niños, que ya no podrían vivir sin leer. Si eso ocurriese, los niños contagiarían a sus padres, a sus vecinos, a sus maestros, a los bomberos, a los pediatras del ambulatorio, a los repartidores de pizzas, a los ancianos de la residencia, a los que pasean a los perros, a los vendedores de aspiradoras, a los atracadores de bancos, a los que hablan a gritos por el móvil, a los que limpian las chimeneas, a los que arreglan los enchufes de la luz y desatascan las tuberías del lavabo… Soñaba con ello y se le escapaba un suspiro.

 

 

¿Quieres escucharlo en la voz de Pilar?