Jorgito Luis

Texto: Margarita del Mazo

Ilustración: Rafael Vivas

 

 

Su padre fue Dragón Rojo,

su madre Blanca Dragón.

Y él nació de color rosa,

más suave que el algodón.

 

Con sus alas diminutas

jamás consiguió volar.

Pero andaba por las nubes,

o en la luna... ¡Qué más da!

 

Nunca logró escupir fuego

por mucho que lo intentó.

Le salía algún eructo,

eso sí, con olor a coliflor.

 

Pronto necesitó gafas

por querer ver más allá.

Y descubrió la lectura.

No dejaba de viajar.

 

Mientras todos los dragones

cruzaban el ancho mar

para abrasar continentes

sin dejar de guerrear,

él leía cuentos de hadas,

novelas, versos, poemas

y empezaba a recitar.

 

“Este hijo nuestro no crece.

Ningún reino lo querrá.”

Se quejaban esos padres

preocupados de verdad.

 

Pero en una noche negra,

oscura como el carbón,

diez mil soldados armados

llegan a Reino Dragón.

 

“¡Vamos!“ “¡A cazar dragones!”

Les decía el capitán.

“Ahora, mientras todos duermen,

será coser y cantar.”

 

Pero había uno despierto.

Frente a ellos se sentó.

Llegó con una sonrisa

No dio un grito ni una voz.

 

El pequeño dragón rosa

cogió su libro y leyó

primero en verso,

luego en prosa.

Hasta un romance cantó.

Y aquellos soldados bravos

se sentaron a escuchar.

Boquiabiertos, embobados

no podían pestañear.

 

Escucharon mil y un cuentos

día y noche sin parar.

Hasta que el dragón rosado

una mañana les dijo:

“Y colorín, colorado,

este cuento se ha acabado.”

 

Yo mañana os cuento más.

 

 

Puedes escuchar la poesía en la voz de Pilar: