Drako Leganto

El dragón de los pájaros

 

Texto: Mónica Rodríguez

Ilustración: Elena Ferrándiz

 

 

El mundo parecía hermoso y lo sería si hubiese alguien con quien compartirlo. Miró con nostalgia el horizonte. El sol era una bola de fuego. Se hundía entre las montañas. Suspiró y al hacerlo se le cayeron dos llamas pequeñas que dejaron un surco de ceniza en sus escamas. Agitó las alas. Se levantó un aire furioso, un ruido de arrastrar de hojas y después otra vez el silencio. Aquel silencio grande que siempre lo acompañaba. Entonces lo vio. Estaba allí, en el suelo y el viento jugueteaba con él, levantando sus hojas. Le pareció extraño, diferente. Lo cogió entre sus garras y lo olió. ¿Se comería? Pero de nuevo el viento levantó aquellas hojas de papel y ante sus ojos se le aparecieron las letras como una columna de bichitos. Arrugó el entrecejo, se sentó contra una roca y se quedó largo tiempo mirando aquel extraño objeto. De pronto, como si alguien le estuviera encendiendo una luz en su cabeza, comprendió que aquellas letras formaban palabras y que las palabras formaban frases y las frases, historias. Leyó el libro olvidándose por completo de sí mismo, de su soledad y de todo cuanto le rodeaba. Entonces ocurrió una cosa extraña. Un pájaro se le apareció en la cabeza. Él levantó las cejas y alzó la mirada para verlo y el pájaro sonrió. Después caminaron juntos por el bosque y vieron la luz perderse entre las aguas del río y volvieron a sonreírse. Al día siguiente se encontró otro libro. Pensó que iba a ser igual que el del día anterior, pero cuál fue su sorpresa cuando lo abrió. Aunque las letras eran las mismas, la historia que contaban era diferente. Cuando terminó de leerlo, había otro pájaro en su cabeza. Los tres se sentaron a contemplar el mar a lo lejos y ya no había tanto silencio. El dragón asentía complacido. A veces los pájaros alborataban, se pasaban horas hablando y tenía que mandarlos callar. Con el tercer libro ya sabía que iba a aparecérsele un nuevo pájaro en su cabeza. Tembló de emoción al comprender que después de una página más, ya no iba a ser el mismo. Los pájaros piaron y el dragón suspiró feliz. Una llamarada iluminó el mundo. Ya nunca más volvería a estar solo.

 

¿Quieres escucharlo en la voz de Pilar?