Daira

Texto: Nacho Valcárcel

IIlustración: Illot

 

 

Hay lectores que leen y hay lectores que viven lo que leen. También hay lectores inclasificables.

Hay lectores que viajan. Hay lectores tranquilos o lectores que releen, lo que los convertiría en

relectores. Hay lectores de escritores que son grandes lectores y lectores que escriben sin lectores.

Hay lectores para colores, como los gustos. Lectores nocturnos y lectores madrugadores. Hay

lectores rápidos, rapidísimos, tan rápidos que cuando los otros lectores aún van por aquí, ellos ya

han terminado este texto. Hay lectores que ya casi no leen y lectores que están aprendiendo a leer y

leen trocitos pequeños: l, e, e, n. Hay lectores muy serios y lectores que se ríen. Algunos se ríen en

alto y otros se aguantan la risa en el vagón del metro. Hay lectores de todo tipo, lectores muy

peculiares: casos únicos de lectores. Leí una vez, hace algún tiempo, algo sobre un lector del que no

recuerdo el nombre, que hablaba de otro lector que leía en la ducha, que sacaba por fuera el libro

con una de las manos para que no se mojaran las páginas y leía mientras se aseaba. Sería el caso

específico de lector acuático o lector higiénico. Todos los lectores, en cierta manera, tienen algo en

común: algo se transforma mientras leen. Todos los lectores se agitan y se conmueven por dentro.

Todo lector es como Daira, una muy antigua lectora, posiblemente de las lectoras más antiguas de la

historia de los lectores. Todo lector cuando lee nota un calor interior, un fuego amable. Según

avanza en la historia, según sus ojos van pasando por letras, de una palabra a otra, el calor va

creciendo, cada vez más cálido, como una hoguera en combustión, cuya llama va en aumento. Que

todo lector, como le sucedía en aquel tiempo remoto a Daira, tiene ese fuego y que ese fuego en

algún momento sale hacia afuera, a través de la boca, casi invisible, pero que se le ve, y que es un

fuego amable, un fuego amigo. Que ese calor cuando sale los demás lo pueden ver. Por eso dicen

que todo lector es un dragón, como Daira, la dragona. Y dicen, eso se dice y se lee en algunas

historias, que ese fuego del dragón lector, ese fuego que sale de todo lector se llama conocimiento.

Como fue conocimiento aquel fuego de la Dragona lectora: Daira.

 

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