Bosco

Texto: Marinella Terzi

Ilustración: Cecilia Moreno

 

-Ay, ayay… Bosco, Bosquito. ¿Qué vas a ser de mayor, bonito?

Bosco mira a Dragona Madrina y se calla. No le gusta nada, pero nada nada, cuando empieza con esa cantinela. Coge el libro que reposa entre sus patas delanteras y se mete de lleno en una historia preciosa que transcurre en un jardín secreto.

Pero la dragona no se conforma con el silencio de su sobrino predilecto y vuelve a la carga. Menuda es.

-¡Bosco! No me vengas con tonterías. No se te habrá olvidado, ¿verdad?

-Cómo se me va a olvidar si me lo repites todos los días. Madrina, no seas pesada. Soy muy pequeño todavía. Yo qué sé lo que seré de mayor -refunfuña-. Y, además, no me llames Bosquito, por favor.

-Venga, Bosqui… Bosco, no intentes hacerme rabiar porque no lo vas a conseguir. Pintor, serás pintor reputado.

-¿Repuqué…?

-Reputado, famoso… qué digo famoso, famosísimo. Lo sabes desde que naciste, estás marcado, je, je -sigue diciendo la dragona con sonrisa pícara-. Ya me encargué yo de ponerte el nombre que te puse: Bosco. Como El Bosco, ese pintor holandés que hace cinco siglos nada menos ya pintaba dragones en sus cuadros. ¿O es que lo has olvidado? Tú eres el homenaje que yo le hice. Y vas a ser pintor porque lo llevas en la sangre, porque lo digo yo y porque tú vales para eso y mucho más, criatura.

-Y porque a ti no se te da bien dibujar y te habría encantado… -murmura el dragón tan bajito, tan bajito, que su madrina no lo pilla. Menos mal.

Bosco está contento con su nombre y le gustan mucho los cuadros de El Bosco, porque tenía más fantasía que todo el resto de los pintores de la Historia juntos. Pero lo que más le gusta a Bosco, lo que le apasiona de verdad es leer. Se pasaría leyendo todas las horas del día. Y es que cuando abre un libro, al mismo tiempo abre un misterio. Es algo realmente curioso. Primero mira la cubierta atentamente para ver qué le dice. Las cubiertas dan pistas y hay que saber descubrirlas. Y luego, plof, se sumerge en la historia como lo hace en el lago cada verano, de cabeza. Madre mía, entonces empiezan a pasar cosas con las que no contaba y, de repente, él ya no está en casa sino dentro de la aventura. El tiempo se detiene y no se entera de nada de lo que sucede fuera.  En momentos así, puede que Dragona Madrina hable por los codos, pero Bosco no se entera, palabra.

-¡Bosco, es hora de cenar!

Uf, ha vuelto a pasar.

El dragón pega un respingo, levanta la cabeza, cierra el libro con pesar y susurra:

-Luego vuelvo. No te preocupes, estaré contigo cuando llegue el momento definitivo. No te voy a dejar solo.

Así que, mientras Bosco se come un suculento plato de espaguetis, mira a su madrina con ternura y piensa: “¿Pintor…? Eso está por ver. Aún hay mucho tiempo por delante. Pero lector, eso seguro que sí.”         

Lo sabe a ciencia cierta. Porque ahora ya lo es. LECTOR con mayúsculas y con todas las letras. Y eso que tiene ganado de antemano.

© Marinella Terzi

 

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